Criptomonedas: realidad y ficción

Todavía recuerdo cuando a finales de los 90 “Internet” aparecía cada vez con más frecuencia en las noticias de los medios de comunicación (que por aquel entonces todavía no formaban parte ni conocían aquello de lo que hablaban). Al principio eran noticias dispersas, comentarios y opiniones de muy diversos tipos; que pasaron de una etapa de desconfianza y negatividad a una desaforada fiebre de puntocoms y compras millonarias, en las que las grandes compañías no querían perder el tren aunque no sabían cuál era el destino. Tuvieron que pasar mucho tiempo para que el mercado se estabilizara (más o menos) y asumiésemos la realidad, ventajas e inconvenientes de los medios digitales.

Esto, que llevó no menos de 10 años, está ocurriendo a una velocidad probablemente 10 veces más rápida en lo que respecta a las criptomonedas. Estamos asistiendo a un momento clave en la revolución digital, sólo comparable al cambio que Internet supuso en la comunicación, la información y el desarrollo económico, pero mucho más acelerado. Quien se perdió el nacimiento, burbuja, pinchazo y revolución de los medios digitales, tiene ahora una nueva oportunidad.

Podríamos decir que con las criptomonedas hemos encontrado la forma de digitalizar el dinero: disponiendo las bases para convertir la economía mundial en una red abierta, social y potencialmente fuera del control de gobiernos y entidades financieras.

Si el MP3 supuso un cambio radical para músicos y discográficas, si los blogs, las redes sociales y los influencers han afectado seriamente a los antiguos “mass media” y a la publicidad, si el ecommerce está amenazando a las grandes cadenas comerciales y la economía colaborativa revoluciona sectores económicos tradicionales, por fin le ha llegado la hora a la administración económica y a las entidades financieras.

Cuando en 2008 un misterioso personaje (o personajes) llamado Satoshi Nakamoto plasmó la idea de un sistema abierto, público pero a la vez muy seguro que servía para registrar transacciones económicas (el llamado “blockchain”) no sabemos si imaginaba las consecuencias de su invención. Hoy el Bitcoin es la principal criptomoneda, con una capitalización de más de 191.000 millones de dólares en el momento de escribir estas líneas, pero hay cientos de criptomonedas más.

EVOLUCIÓN DE LA COTIZACIÓN DEL BITCOIN
VOCABULARIO BÁSICO
  • El blockchain: un archivo (libro contable público) que contiene siempre actualizadas todas las transacciones.
  • El wallet es el monedero de cada usuario, donde ve sus movimientos y saldo. Desde aquí firma con una clave privada sus transferencias de moneda a otras cuentas.
  • Los mineros son aplicaciones informáticas ejecutadas en ordenadores de gran potencia, que particulares y grandes compañías ponen a disposición de una o varias criptomonedas, para que mediante complejos algoritmos matemáticos y millones de operaciones verifiquen y validen la autenticidad de cada transacción, a la vez que emiten más moneda.
  • Los exchanges son las casas de cambio en las que cualquier persona o entidad puede comprar o vender criptomoneda (a cambio de otra criptomoneda o de euros, dólares o cualquier otra moneda fiat) según su cotización en ese Exchange (no existe una cotización global para cada criptomoneda). Los exchanges no son la única forma de comprar y vender estas monedas, ya que también se pueden realizar estas operaciones entre particulares.

 

¿Para qué sirven?

Una criptomoneda puede utilizarse, entre otras muchas cosas, como medio de pago, como fuente para obtener financiación, como mecanismo para facilitar las transferencias de fondos, como inversión o simplemente como una estructura fiable y segura para depositar dinero (como una cuenta bancaria).

De los cientos de criptomonedas que hay, muchas de ellas han sido creadas con fines concretos más allá de la mera especulación: beneficios sociales, desarrollo de ciertas tecnologías, para la financiación de infraestructuras, para la prestación de servicios, etc. Por ejemplo EOS desarrolla software que permite el escalado de aplicaciones descentralizadas usando tecnología blockchain. STORJ es una red de almacenamiento en la nube “peer to peer”, IOTA permite aplicar su tecnología a las transacciones entre dispositivos en el “Internet de las Cosas” y DENTACOIN aplica el blockchain a la salud dental: seguros, opiniones, comercio. Recientente KODAK presentó su KODAKCoin cuyo objetivo es que los fotógrafos puedan gestionar de una manera segura y confiable sus derechos de autor.

Sin embargo, el uso más obvio: como forma de pago, todavía no está muy extendido (con la excepción de algunos países como Japón o Corea de Sur) por diferentes motivos. En primer lugar, aunque la mayoría de los comercios online utilizan pasarelas bancarias, los bancos y las entidades emisoras de tarjetas de crédito (como veremos más adelante) no están dispuestos a beneficiar un negocio que puede ser su competencia. La gran diversidad de criptomonedas dificulta también la decisión de cuáles admitir como forma de pago; podríamos pensar que el Bitcoin, con cerca del  40% de la capitalización, sería la adecuada, pero se ha vuelto inviable para este fin, ya que su concepción tecnológica y la complejidad de su minería hacen que las transacciones puedan tardar mucho tiempo (incluso horas) en verificarse y llevar asociados unos costes relativamente elevados para el cliente en operaciones de bajo importe. Es de esperar que, en breve, mejoras en su tecnología eviten estos escollos. Por si fuera poco, la gran volatilidad de la mayoría de las criptomonedas preocupa a los comerciantes, que deben valorarla a la hora de fijar el precio de los bienes y servicios.

Aun así, existen ya muchas pasarelas de pago online que incluyen criptomonedas. Coinbase, una de las más importantes, afirma tener más de 48.000 negocios que las aceptan, entre los que están compañías como Microsoft o Dell. El volumen de transacciones en Bitcoins durante el último trimestre de 2017 fue de más de 150.000 millones de dólares, con un importe medio de casi 10.000 dólares por transacción, lo que lleva a pensar que esta criptomoneda tiene un uso mayoritario en la compra de bienes y servicios de alto precio.

Esta “liberalización digital” del dinero preocupa especialmente en países con regímenes dictatoriales donde el control de la economía y las transacciones es muy fuerte. Si ya ponían barreras al uso de los medios digitales para evitar la libre transmisión de ideas y la organización social, ahora tienen un nuevo frente contra el que luchar: la libertad económica. Lo mismo ocurre en economías con un alto nivel de corrupción o en estados cuya moneda es altamente inflacionaria, por ejemplo en Venezuela las criptomonedas se han convertido para sus ciudadanos en una alternativa a su elevadísima inflación y en una manera de evitar el férreo control estatal para la compra de divisas. En países en vías de desarrollo, donde no hay una estructura bancaria o financiera, las criptomonedas pueden suponer un importante refuerzo para el fomento de la economía, el ahorro y el comercio.

En cambio, otros países son modelos en el respaldo e integración en su economía del blockchain y las criptomonedas:

Estonia, ejemplo en la integración de nuevas tecnologías, utiliza blockchain de forma oficial para la sanidad y diferentes áreas del gobierno, ofreciendo incluso cajeros automáticos para comprar Bitcoins.

Arnhem (Holanda) se autodenomina como la ciudad de los Bitcoins y muchos comercios admiten esta moneda como forma de pago, ofreciendo promociones a los clientes que la utilizan.

En Japón, las criptomonedas están reguladas y se admiten como forma de pago legal. Más de 260.000 comercios, incluyendo la mayor cadena de concesionarios de automóviles del país, ya las aceptan.

El valor de las criptomonedas

Aunque algunas criptomonedas (las menos) tienen un valor estable en relación con otra moneda (por ejemplo el bitUSD o el Thether, que tiene un valor de 1 USD) o están respaldadas directamente por el valor de metales preciosos, como las lanzadas por Goldmint, DigixGlobal o Tiberius Group, la mayoría tienen un valor extremadamente volátil que depende de diversos factores.

  • Oferta y demanda: Si un producto es escaso, su precio sube cuando es muy demandado. Bitcoin, por ejemplo, puede tener un máximo de 21 millones de monedas emitidas, con un ritmo invariable en su creación.
  • Energía consumida: la electricidad que cuesta validar la seguridad del blockchain y generar moneda es elevadísima (de hecho hay una importante preocupación medioambiental al respecto), lo que supone un coste inherente que pone precio a la moneda y a sus transacciones.
  • Utilidad: Si una criptomoneda tiene más usos posibles además de la mera inversión (por ejemplo como medio de pago), su valor se incrementa. Recientemente, la integración de Ripple por parte de Moneygram y de varias plataformas de pago online disparó su precio.
  • Percepción de valor: Es uno de los factores que más influyen en la volatilidad. Noticias acerca del uso en actividades criminales, fallos de seguridad en los wallets y los exchanges que dejan a miles de usuarios sin dinero de un día para otro, estafas con falsas criptomonedas, la adopción de la moneda como forma de pago en importantes comercios o comentarios positivos de reputados financieros, son todo ello factores que influyen en la percepción subjetiva de su valor.
  • Grandes inversores: los llamados “whales” son inversores, que de forma lícita o ilícita se han hecho con un gran volumen de criptomoneda, y sus operaciones de compra y venta masiva puede alterar de forma inmediata la cotización. De hecho, se estima que apenas 1000 personas tienen el 40% de todos los Bitcoins.
  • Exceso de oferta: cada día surgen nuevas criptomonedas, algunas de ellas no aportan ninguna novedad y en cambio otras integran nuevas tecnologías o servicios realmente interesantes e innovadores. Esta saturación del mercado genera dudas en los inversores y usuarios que no saben por cuál decantarse y diversifica “demasiado” las inversiones, lo que conlleva pérdida de capitalización para las principales criptomonedas.
  • Legislación y regulación: sin duda este es uno de los factores que más han influido en el reciente descenso de la capitalización del mercado de las criptomonedas. Gobiernos de países con grandes inversores en criptomonedas, como China y Corea del Sur han presentado leyes y proyectos para controlar el mercado e incluso prohibir ciertas actividades relacionadas, lo que ha provocado una oleada de ventas ante el incierto futuro legal.
  • El precio del Bitcoin: en el mundo de las criptomonedas, la decana se ha convertido en el “patrón oro” contra el que se miden muchas de las nuevas que surgen cada día. El comportamiento del Bitcoin es la referencia del sector, por lo que las gráficas de cotización de la mayoría de las criptomonedas son casi calcos de lo que ocurre con ella.

El poder vigila

Es evidente que ante esta revolución del comercio y de las inversiones, que de pronto se vuelven libres, inmediatas, populares e incontroladas; ofreciendo retornos económicos absolutamente exagerados para el negocio tradicional de las entidades financieras, no puede pasar desapercibido para instituciones y estados.

En los grandes grupos financieros e importantes inversores se ha producido una curiosa relación de amor/odio con las criptomonedas y su tecnología que no pasa desapercibida:

BNP PARIBAS y ERNST & YOUNG se embarcaron recientemente en una experiencia piloto para demostrar que la tecnología blockchain puede ayudar a la entidad a optimizar sus procesos internos. DELOITTE ya ha analizado cómo el blockchain es relevante y aplicable para la gestión de capitales.

JPMORGAN, cuyo CEO Jamie Dimon dijo hace sólo unos meses que “los Bitcoins son un fraude y que despediría inmediatamente a un empleado que los comprase o vendiese” ha lanzado QUORUM, una versión corporativa y privada de Ethereum que aplica blockchain y los “Smart contracts” en las transacciones corporativas. Y no sólo eso, sino que en Diciembre incorporó en su negocio el mercado de futuros de Bitcoins a través del bróker CME Group.

Para Sergio Emotti, CEO de  UBS, las criptomonedas todavía necesitan evolucionar, pero la tecnología que las hace las posibles será trascendental en la transformación de los servicios financieros.

En España,  Caixabank se ha unido a otras entidades financieras e IBM para crear una plataforma abierta de comercio internacional basada en blockchain. Santander y BBVA están trabajando en la Ethereum Alliance para impulsar el uso del blockchain y de hecho es uno de los inversores en la criptomoneda Ripple. BBVA tampoco ignora el negocio, y es uno de los primeros inversores de Coinbase: una de las principales agencias de cambio (exchanges) del mundo con unos beneficios de más de 1.000 millones de dólares el año pasado.

En cambio, hace solo unas semanas la filial portuguesa del Santander provocó un importante revuelo por bloquear las transacciones con Coinbase al considerarlas “productos financieros no regulados”, decisión de la que tuvo que arrepentirse poco después. No sabemos si este arrepentimiento llegará también Bank of America y Citigroup que recientemente han planteado la intención de evitar el uso de sus tarjetas para la compra de criptomonedas, mientras VISA ha presentado B2B Connect: la nueva plataforma de pagos segura y evolucionada para las instituciones financieras, a la vez que quitaba a WaveCrest la autorización de emitir tarjetas prepago basadas en Bitcoins.

Sin duda, es necesaria una regulación legal, fiscal y tecnológica, que evite las estafas, aporte confianza a los inversores y a los comercios y minimice el uso de las criptomonedas en el crimen organizado y el lavado de dinero, pero esperemos que los que llevan más de 20 años queriendo poner puertas a Internet para proteger sus intereses personales no lo consigan esta vez que toca más directamente sus bolsillos.

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